viernes, 16 de marzo de 2012

Como Si Fuese La Primera Vez

-¿Cuál es tu más viejo recuerdo?-
-¿Cómo?-
-Sí, tu primera memoria... lo más viejo que recuerdas.-
-Tenía dos años. Mi mamá trataba de arrullarme entre sus brazos pero no dejaba de llorar.
Sus lágrimas me caían en los ojos y no podía dormir. Ella esperaba, observando la puerta.-

Afuera, un cielo deslavado y etéreo. Adentro, recostados en la cama, leyendo el periódico, dos delatores conjugan lejanías.

-¿Tu primera mascota?-
- Un pez. Se llamaba Jimmy. Me lo gané en una rifa en la fiesta de mi mejor amiga. A las dos semanas me aburrí de él porque era muy silencioso, no podíamos platicar de nada. Terminé regalándoselo a mi amiga.-

-¿Hay algo de lo que te arrepientas mucho?
-¿De cuando era niña?
-Sí, bueno, de la adolescencia, o lo que sea.... alguna persona a que hayas tratado mal, alguna oportunidad que dejaste pasar. No sé, estoy pensando en voz alta.-
-¿Tú?-
-Sí, un amigo. Bueno, de hecho, varios. En la secundaria, una vez le jugué una broma muy pesada a uno de mis mejores amigos. Hice creerle que una tipa por la que todos babeábamos andaba por él. Hasta se le declaró y toda la cosa. Fue horrible, pobre tipo acabó llorando.-
-¿Y el otro?-
-¿El otro qué?-
-El otro amigo. Dijiste que eran varios.-
-Ah, sí. En la prepa. Se apellidaba Melo, imagínate... el apellido más albureable del mundo. Era un muy buen amigo, nos llevábamos bien. Pero sentía que me idolatraba de más. Como si me admirara o algo, me daba la razón en todo, me seguía a todos lados.
-¿Y qué pasó?-
-Empecé a tratarlo mal para ver si así se arreglaban las cosas. Terminé alejándolo. No estuvo bien.-
-Suena a algo que yo hubiera hecho también. No funciono cuando alguien espera mucho de mí. Mi primer novio fue así, me quería mucho, cuidaba de mí... me escuchaba. Pero realmente nunca pude quererlo como él me quería. Me fui separando de él. Lo lastimé aunque traté de hacerle ver que era por su propio bien. No me merecía. De ahí en adelante, me odió y nunca me volvió a dirigir la palabra.-

Una suave brisa se escabulle por la ventana entrecerrada y estremece los cuerpos desnudos de los confidentes, quienes se refugian bajo un viejo cobertor. Se acarician y se encuentran en la obscuridad indescifrable del manto.

-Me acuerdo de que antes de que se divorciaran, mi papá solía dejarme mensajitos escondidos. Los escribía en un papel y los aventaba a mi cuarto en forma de avioncito para que yo los encontrara a veces hasta muchos días después. Habían unos muy chistosos que decían algo como: 

¡BAJA LA ROPA SUCIA ANTES DE QUE TU MAMÁ SE ENOJE Y TE CASTIGUE! APROVECHA AHORITA QUE ANDA VIENDO LA NOVELA.

-O luego acomodaba los imanes en forma de letras del refrigerador cuando tenía examen. Ponía:

¡SUERTE, MATILDA! SI SACAS 8 O MÁS TE COMPRO UN LITRO DE HELADO PARA TI SOLITA.

- También cuando algo salía mal:

ALERTA ROJA, ALERTA ROJA. MAMÁ NOS CACHÓ. SI PREGUNTAN, TÚ NO ME CONOCES.
ES MÁS, NUNCA NOS HEMOS VISTO Y EL PARECIDO FÍSICO ES MERA COINCIDENCIA.

-Tu papá suena a que fue un papá poca madre.-
-Sí, lo fue...-

-¿Y cómo fue tu primera vez?-.
-No voy a hablar de eso contigo, Joel.-
-¿Por qué no?
- Por que no, no creo que te encante la anécdota. Además esas cosas son privadas.
-Tú sabes cómo yo perdí la mía.-
-Tú me dijiste.-
me preguntaste!- 
-Pues, ¿para qué me contestas?- 
-Eres increíble.-
-Si te digo te enojarás.-
-Dime. Quiero saberlo todo de ti, aunque me enoje.-
-Joel, no me gusta pensar en eso por que sé que no puedo cambiar nada. No fue como la quise tener y no puedo hacer que estés ahí. ¿Es eso lo que querías escuchar?
-No, no es eso.
-¿Entonces qué? ¿Qué tiene de especial la primera vez?
-No sé...¡todo! La primera vez es la primera vez. Es de esas cosas que jamás se olvidan.
-¿En verdad crees eso?-
-Sí. -

Ella recuesta su cabeza en el pecho de él. Sus manos buscan las de su cómplice, se estrechan e intentan abarcar la totalidad de su palma pero resultan diminutas.

-¿Y la última?-
-¿Qué cosa?
-La última vez.-
-¿Qué hay con ellas?-
-También son importantes.
-Sí pero.. supongo que nunca sabes cuándo va a ser la última hasta que ya es demasiado tarde.

Silencio. El cielo deslavado y etéreo y el viento que sigue soplando.

-A veces sí sabes. No sé cómo pero.. lo sabes.-

Doblando una hoja del periódico, Matilda forjando un avioncito. Aventándolo a algún rincón del cuarto, quizá para ser descubierto siglos después.

lunes, 27 de febrero de 2012

Guardando Secretos (reeditado y traducido)

         Nunca he sido particularmente bueno guardando secretos. Una vez, accidentalmente le dije a la mitad del grupo sobre las depresiones de Alicia. El maestro de Literatura Latinoamericana me había tomado por sorpresa al preguntar por qué había estado volándose clases durante casi una semana. Le respondí que no se estaba volando clases, sólo no estaba de humor. Frunció el ceño en sorpresa e inquirió, casi burlonamente, a qué me refería exactamente con no estar de humor.

-Ella tiene algunos problemas psicológicos, ¿de acuerdo? No se siente bien pero se pondrá al corriente cuando lo haga. No es como si disfrutara faltar a clases. De hecho, le gusta mucho esta materia.-

Nunca me dí cuenta a tiempo pero había vertido casi todo respecto a sus recaídas a cerca de veinte chismosos estudiantes de periodismo. Fue un milagro que no se esparciera tanto la voz, en parte gracias a que la mitad del grupo aún no había llegado a la clase de las siete de la mañana.

Hubo otra ocasión en la que Sofía me hizo jurar que no le diría a nadie que no sabía andar en bicicleta. Para mí no era la gran cosa -yo nunca aprendí a andar en patines- así que no lo tomé muy en serio. Pero cuando lo saqué a relucir en tono de broma durante una plática casual con nuestros amigos, enloqueció. Se enfureció tanto que se negó a compartir información personal conmigo en adelante.

No me sorprende que yo haya sido uno de los últimos en enterarse que David era, en efecto, bisexual. No obstante, pese a lo que muchos pudieran creer, realmente sí he tenido éxito al guardar la intimidad de los demás. Sam le tiene miedo a los cerillos. Un día cuando jugábamos a arrojarnos fósforos ígneos, al raspar la punta de nuestros proyectiles, se retorció y nos pidió que no encendiéramos ninguno cerca de él. En realidad fue bastante divertido, nunca antes había escuchado ese tipo de fobia. Mantuvimos el secreto.

Claro que también hubieron veces en las que mis secretos salieron a flote. Cuando íbamos en la Prepa, Laura y yo juramos no decir nada a nadie al perder la virginidad. Insistió en mantenerlo estrictamente confidencial. Al llegar a casa le marqué a Daniel para contarle todo y le hice prometer que no diría una palabra. Lo mismo con Arturo. Ambos mantuvieron su promesa pero fue inútil; ella ya le había dicho a todos. Fue lo más ridículo. ¿Qué tan lejos estamos dispuestos a traicionarnos por un poco de atención?

Sin embargo, son los secretos de Ana los que conservo más. Básicamente porque nunca me los contó. Tuve que descubrirlos, como si la verdadera Ana estuviera escondida de alguna forma en gruesas capas de fortaleza. Y la encontraría en toda su fragilidad y su pasado ineludible, con la tristeza que guardaba en los ojos. Y oírla llorar sería como oír una cuerda de violín sollozando lentamente, perforándome.

Ella encendía velas cada noche antes de dormir. Las había de todos tamaños, colores y olores; manzana, naranja, cereza, canela. No podía dormir sin ellas. Y pese a que nos atrincheráramos en la cama con nuestros talismanes de cera, de vez en cuando ella tendría pesadillas y yo la abrazaría fuertemente y le acariciaría el cabello y susurraría en su oído, suavemente, incesantemente.

Y no puedo evitar pensar... ¿qué vamos a hacer con todas estas historias no reveladas? ¿Con todos estos dolorosos y hermosos sigilos? Y si lo que Ana aprendió resultara cierto, que no hay suficientes velas guardianas ni cerillos de madera en el mundo para ahuyentar el dolor incrustado dentro de nuestros secretos, la idea no me seduce. Me rehúso a desprenderme a pesar de las despedidas y las separaciones.

Voy a guardar éstos. Los atesoraré y nunca los dejaré ir, como si fueran míos, los más profundos. Y pese a que ahora nos encontremos millas lejos, sigo preguntándome... ¿me guardarán de vuelta estos secretos? ¿Cuántas veces habrán de dormirse nuestras velas? ¿Y cuántas veces debemos de encenderlas de vuelta, repeliendo a los demonios, destilando melancolía con cada uno de sus destellos?

lunes, 30 de enero de 2012

Keeping Secrets

I have never  been particularly good at keeping secrets. Once, I accidentally told half of my class about Alice's depressions. The Latinamerican Literature teacher had caught me off guard asking me why had she been skipping school for a whole week now. I told him she wasn't skipping school, she just wasn't in the right mood. He frowned in surprise and enquired, almost mockingly, what did I meant exactly with not in the right mood. I snapped back.

-She's got some psychological issues, okay? She's not feeling well but she'll put up to date when she does. It's not like she enjoys missing classes. She actually likes this subject.-

I never realized in time but I had nearly spilled everything about her relapses to around twenty gossipy journalism students. It was almost a miracle that the word didn't spread out that much, partly because half of the group hadn't arrived yet to the 7 am class.

There was this other time when Sophie made me swear I wouldn't tell anyone about her not knowing how to ride a bicycle. To me it wasn't a big deal -I actually never learned to roller-skate- so I didn't took it too serious. But when I brought it up in a playful tone during a casual talk, she lost it completely. She was furious and later on she refused to share her personal information with me anymore.

It doesn't surprise me the fact that I was one of the very last ones to find out that David was really bisexual. Nevertheless, I've actually succeeded in guarding the intimacy of others. Sam is afraid of matches. Wooden matches. We found out one day when we were out of lighters and we wanted a smoke so bad. When we struck the match, he recoiled and asked us not to light any of them near him. It was actually pretty funny. I've never heard that type of phobia before. We kept the secret.

Of course there had been times when my own secrets have been poured out. When I was in High School, I remember Laura and I swore not to tell anyone about us losing our virginity. She insisted in keeping it strictly confidential. Of course, when I got home I phoned Dan and told him everything about me not being a virgin anymore and made him promise he wouldn't tell anyone. Same thing with Arthur. They kept their word but it was useless. Laura had told everyone about it. It was ridiculous. How far are we willing to betray ourselves for a little attention?

Yet, Anna's secrets are the ones I cherish the most. Basically because she never told them. I had to discover them, like the nasty habits we usually try to hide but not very often succeed in doing so. As if the real Anna were somehow hidden beneath thick layers of strength and confidence. And you would find her in all her fragility and her unavoidable past and all her complexity. All of the sadness that she kept hidden in her eyes. And you would hear her cry and it would be like hearing a violin string weeping slowly, piercing right through you.

She lit up candles every night before going to sleep. They came in all sizes, all colors, all scents. Apple, orange, cherry, cinnamon. She couldn't sleep without them. And she couldn't because she was afraid of the dark. And even when we would barricade the bed with our waxy talismans she would get nightmares from time to time, and I would hold her tight and caress her hair and whisper into her ear, gently, endlessly.

And I can't help but asking... what are we to do with all these unrevealed stories? With all these hurtful and beautiful stealths? And if what Anna learned is true, that there aren't enough guardian candles and wooden matches in the world to light away the pain embedded within our secrets, I am not overjoyed. I refuse to detach myself despite the farewells and the separations.

I'll keep these ones. I'll hold them close and never let them go, as if they were my own, my deepest. And even though we are now miles apart, I keep wondering... would these secrets keep me back? How many times will our candles fall asleep? And how many times must we light them back again, repelling the demons, distilling melancholy with every single spark?

domingo, 20 de noviembre de 2011

You're dumbstruck, baby

Con eso de que Bret Easton Ellis utilizó "Racing Like A Pro" de The National en su más reciente libro, Imperial Bedrooms, aprovecho para poner unas líneas en honor de esta gran banda. Misma canción:

Your mind is racing like a pro now
Oh my god, it doesn't mean a lot to you
One time you were a glowing young ruffian.
Oh my god, it was a million years ago.


You're dumbstruck, baby.
You're dumbstuck, baby, now you know.


No he leído nada del Sr. Ellis. Sin duda estaría bueno empezar a conocer su obra.

lunes, 7 de noviembre de 2011

La prodigiosa diferencia

"Todas las familias felices se parecen entre sí; pero las infelices son desgraciadas en su propia manera."

-Leon Tolstoi (1828-1910)
Novelista ruso, autor de célebres obras como Guerra y Paz Anna Karenina.