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sábado, 8 de junio de 2019

Youth

Me gusta pensar que aquel día estabas conmigo de alguna manera;
hermosamente secuestrando mi conciencia.
Respirabas a través de mi piel.
Cumpliendo tu parte de los acuerdos que nunca firmamos.

Con un chasquido estamos de regreso en esa fiesta.
Perdidos entre ejércitos rojos de plástico desechable,
Su encantador océano de ginebra,
y la clienta/el jefe/el becario bajo el brazo.
All Under One Roof Raving.

Revivo cómo damos el golpe;
-amargo, frío, punzante -
y está hecho.
No hay más que pensar.

Cierro los ojos, temblando, se me entume la boca.
Mi cerebro es una coctelera ríspida,
agita indiscriminadamente los ingredientes que trajimos a la barra.
Entretanto, cada célula en mi cuerpo
despierta de su estado catatónico.
Percibo el más mínimo ápice de curiosidad saciado.
Todo rincón de mi ser se ve triunfal.
Estamos ahora un paso más cerca de la vida que nos quisieron ocultar.
Versión que no nos dieron siquiera la oportunidad de rechazar.
Esa horrible alternativa que fue negada a priori,
ignorando nuestra necesidad de equivocarnos.
De aprender.

PAUSA.

Sigues aquí, siempre has estado aquí.
Te pierdo por momentos pero reacciono -tal vez/siempre un poco tarde-
(l get it!) y caigo rendido.
Me someto a tu designio.
Un fuego roto recorre mis fosas nasales pero sigo sonriendo.
La palma se convierte en puño, se comprime la quijada.
Tengo la furia de toda la humanidad guardada en el bolsillo, esperando.
La lengua afilada, lista para perforar.
Y mientras ignoro las grandes interrogantes, las cuestiones más estúpidas y cruciales,
siento cómo nuestra juventud perdida
se desangra majestuosamente sobre mí.

viernes, 10 de mayo de 2019

Confundidos por Adultos

El carro retumba. Vibra y ronrronea. Exhala ruidosamente mientras ejecuta de forma subliminal un poderoso cambio de velocidad. Rebasa con estilo higiénico; se antepone al tráiler, al Vocho, a la señora artítrica en el carril de alta. Celebra(mos) en silencio. El motor se exige a sí mismo. Acelera ante la subida -sabiéndose inferior- y aún así, nunca se doblega. Sus llantas hinchadas en nitrógeno se adhieren estoicamente al pavimento, consiguiendo la inesperada curva perfecta. Ni una palabra. El más mínimo ademán se resbala de nuestra boca y no nos atrevemos a expresar esa inevitable falsa modestia. Volteo a verla y sonrío imbécilmente, intentando contagiarla de mi cobardía y de mi tibieza. No espero nada a cambio. Y aún así, no es suficiente. Sus labios han sido sellados con concreto. Su mirada impenetrable nos dice que hagamos lo que hagamos, pase lo que pase, esto es culpa nuestra.

Henos aquí, a medio trayecto, desplazándonos cobardemente a 120 kilómetros por hora. Después de gastar una hora de tiempo y gasolina Premium a lo pendejo, por fin nos enfilamos a lo más cercano que hemos estado en la vida al destino deseado.

Ninguno de los dos hemos desayunado. La alerta atacó y nos envió a la regadera en un estado semi-consciente, agudamente sumisos y sin nada que reclamar. Nos envistió de una falsa certeza, leales a un medio tanque mientras quemamos aceite y reclamamos lo poco que queda de nuestros líquidos automotrices vitales. Nos guió al cañón y encendió la mecha. Juntó una gran audiencia para vernos: "Helos aquí. El nuevo par de imbéciles. Ya saben cómo va esto, ¿no, muchachos? Y dice... ¡Cinco! ¡Cuatro! ¡Tres! ¡Dos!..."

Make up something to believe in your heart of hearts
So you have something to wear on your sleeve of sleeves
So you swear, you just saw a feathery woman
Carry a blindfolded man through the trees


El termo de café que medianamente habíamos administrado se encuentra helado, tímidamente bebido, cargado de más dudas que de respuestas. Me resulta extremadamente irónico entender que vamos tarde. Que somos una mierda, una desgracia. La peor deshonra que ha caído en los Herrera Méndez desde que sus descendientes pisaron suelo Mesoamericano, hace más de medio siglo.

Matt Berninger nos mantiene a flote. Su voz es nuestra tregua. Nuestro mini-momento de paz. Bajamos tímidamente la guardia. Suspiro y recuerdo los planes que algún día orquesté al son de este disco. Te he extrañado desde hace 29 años.

-Hace unos días, en la peda de Vale, dijiste que preferías perder el oído a la vista.-
-Ajá.-
-Eso es una mamada. No sé por qué lo dijiste. Yo sé perfectamente bien que no es cierto.-
-Tienes razón, lo dije. ¿Y sabes qué? No estaba pensando en todo lo que significaba. Lo que dije es que si uno perdiera la vista, automáticamente se vuelve inservible para la sociedad. ¿Te acuerdas?-
-Hey.-
-Bueno, pues aún lo creo. Jamás quisiera llegar a ese grado, al chile. Pero si me dijeras: "ya no puedes escuchar nunca nada más en tu vida"... verga. Me moriría de tristeza. No podría. ¿Cómo espera uno nunca poder escuchar este disco una vez más? ¿Cómo espera uno nunca poder escuchar ningún disco nunca más en la vida? -
-Por eso me enojé. Yo sabía que lo que dijiste no era cierto. Te conozco muy bien. Yo sé que eso es una parte crucial de ti. Y me enojó que dijeras algo diferente, porque no es la verdad,-
-Tienes toda la razón. Preferiría dejar de ver mil veces. No sé cómo le haría en todo lo demás. Pero mientras pudiera escuchar este disco...

Another un-innocent, elegant fall
Into the un-magnificent lives of adults.


El carro sigue retumbando. Vibra y ronrronea. Acelera estúpidamente, sin control ni dirección. Y ni siquera sabe por qué nos lleva a nosotros dos, por qué hay que hacernos caso, tomarnos en serio. Nadie sabe. Y nadie tiene por qué, realmente. Somos unos idiotas que funcionan a medio tanque, quemando aceite, llegando tarde siempre a todos lados y siendo dolorosamente francos con el hecho de que no tenemos la menor puta idea de quién nos invitó o por qué estamos aquí en primer lugar.

jueves, 18 de abril de 2019

Any Day Now

-Considera esto- dice El Hermani, ahogado y tambealeándose entre las cajas de Mezcal artesanal que estorban el paso bajo de la barra del rooftop. Gina, su novia millonaria y dueña real del departamento, nos estudia de reojo. Un gesto de "puta-madre-una-más-de-esas-noches" en su mirada.

-Estos años que tanto sufres y odias y de los que tanto te quejas, algún día serán de los recuerdos más chingones de tu vida. Cuando estés en tu lecho de muerte, vas a mirar atrás y no verás nada de ese coraje ni de esta indignación justificada que tanto mamas. No te acordarás de tu jefe, el hijodeputa que te hacía trabajar domingos y días festivos. No recordarás las desveladas entre semana, ni las crudas ni los dolores de cabeza, la mandíbula trabada por el perico, ni los trayectos a las tres de la mañana en bicicleta, pedo y taquicárdico. No se asomará por tu mente, ni por error, las veces que vomitaste bilis de coraje, pensando en lo que ganaban todos a comparación de ti. Las putizas que te metías mientras el cliente/la agencia/tus jefes/los de producción/todos menos los de Post, se revolcaban en ketamina y Gin Tonics sin un pelo de preocupación, confiados en que el depósito quincenal está garantizado (pase lo que pase) gracias a tu esfuerzo. Podrías, pero no va a pasar. Te lo garantizo. Nada. Cero. Niente.-

-¿Sabes de qué te vas a acordar?- continúa, mientras un cigarro apagado baila tímidamente entre sus labios. Toma un cuchillo para asar con torpeza y escarba en sus bolsillos, buscando desesperadamente una diminuta bolsa transparente que me dio hace cinco minutos y que guardo a salvo en mi cartera.

-Te acordarás de la primera vez que probaste el M, escribiendo un guión con tus mejores amigos. Te acordarás de cómo esas paredes mentales -años de programación jesuita- se cayeron en un segundo. Cómo, sin querer, te despertaron de un coma perceptivo. Recordarás cómo cinco pendejos construyeron una marca de respeto desde una bodega abandonada. Mismos pendejos que, cuando tenías cuatro meses desempleado creyeron en ti, quizá más de lo que tú hubieras confiado en ti mismo. Cómo siempre fuiste parte de todo, pieza crucial de un monstruo que nos comió y vomitó muchas veces a todos, pero cada vez que te levantabas, te hacía mucho más verga. Y verás muy, muy nítido todos esos instantes en los que te sentiste salvajemente vivo.-

Inesperadamente, El Hermani extrae una segunda bolsa de coca de sus bolsillos. La abre y trata que la gigantesca hoja del cuchillo para asar consiga entrar en una minúscula apertura del saco de polietileno. Gramo que minutos atrás, nuestro buen amigo El Bachas, amablemente nos proveyó libre de cargos extra, dada la hora.

-Atesorarás todos estos momentos como si no hubiera un mañana, neta, pendejo.- sentencia.

El Hermani sacude el gramo y sorprendentemente, consigue formar una respetable montaña blanca en la punta del cuchillo. Retira la hoja cuidadosamente y la lleva a su fosa nasal derecha. Inhala con la pasión de mil musulmanes. A lo lejos, un vinil gira suavemente sobre la tornamesa, susurrando:

What’s got into me?
Can’t believe myself!
Must be someone else.
Must be someone else.
Must be...


-Güey, estás hablando como si fueras un pinche gurú místico con siglos de sabiduría. Tienes cuatro años más que yo. No mames.- respondo, mientras intento desesperadamente formar una idea coherente que medianamente conteste a todo lo que acaba de decir. Doy un sorbo a mi trago mientras observo al Hermani con una muy fingida despreocupación.

-Puedes justificar todo bajo ese planteamiento: "Algún día te darás cuenta de lo que tenías y no supiste valorar", "Da gracias de tener trabajo", "Eres muy joven para apreciar lo que estás logrando". Pero son puras mamadas. Estoy entregando mis años más productivos a una empresa que gana treinta veces lo que me paga. Una marca que usa mi energía y talento, lo mucho o poco que sea, para hacer millones y que vive a expensas del trabajo de un equipo que se desgarra para cumplir metas irreales. ¿Y esperan que estemos agradecidos? Si seguimos ahí porque es lo mejor que hay. Porque en un medio tan podrido y corrupto, esto es lo único que nos queda. Y cada día que entramos por esa puerta, tratamos de hacer un trabajo digno y dar la cara. Y sobrevivimos insultos e indirectas, peticiones imposibles de clientes que quieren que hagamos magia con sus pinches videos, mientras esperamos a que llegue el fin de semana para ponernos hasta el pito y olvidarnos de todo. Dejar de pensar y desconectarnos por 48 horas de esta cosa que nos controla y nos hace imposible dejar de operar bajo sus términos. Así que perdón si no estoy de acuerdo. Sencillamente no veo cómo lo que me platiques vaya a pasar."

El Hermani me observa con calma. No interrumpe nunca, aunque se muere de ganas de hacerlo. Sabe que Gina nos está viendo. Sabe que esta conversación no va a llegar a ningún lado, así que enciende su cigarro y me sonríe, con una abundante serenidad, alcohol y cocaína corriendo por sus venas.

-Tómalo o déjalo, no hay pedo. La neta, me vale verga si aprendes algo en esta peda, si tienes una epifanía, regalas tus posesiones terrenales y te vuelves monje. Yo te lo digo porque lo he vivido. Y creo que eventualmente lo vas a sentir. Pero bueno, cada quién...-

Un miedo tibio me inunda la garganta. No sé cómo responder a su pasividad. No soy bueno en este juego. Quiero provocar todo. Agitar, lastimar, destripar salidas. No soporto la duda, el silencio. Derrumbo mi fachada,  no soy ni la mitad de todo lo que he argumentado.

-¿Pero qué chingados pasa cuando quieres ser honesto? ¿Si genuinamente sientes que lo que haces está destruyendo mucho más de lo que construye? ¿Si te duele el pensar que sabes muy bien la verdad pero que, constantemente, tratas de ignorarla?-
-Hace tiempo que esa verdad de la que hablas se está quedando sin tinta.- dice El Hermani, sin parpadear.

Me levanto con un disparo de la silla de la barra. Atravieso el penthouse millonario de Gina y me encierro en el baño. Retiro la bolsa de perico de mi cartera y escarbo con las llaves de mi carro en la profundidad del recipiente trasparente de 2x2 cm. Llevo un bulto significativo a mi nariz y cierro los ojos. Inhalo, esperando una vez más que esto me duerma, me calme, me haga seguir aquí fingiendo ante todos que tengo algún tipo de respuesta.

Any day now 
How's about getting out of this place. 
Any ways. Got a lot of spare time. 
Some of my youth, 
and all of my senses on overdrive.

sábado, 29 de septiembre de 2018

They're Into Us




Somos BASTANTES en esta (otra) casa; bobwhiskeydantonerickjuanrobertomemocarlitosmonicaestebandanielgongy.... y Félix.

A veces pensamos en tanta gente y situaciones a la vez que la línea se desdibuja y no nos acordamos de quién es quién, qué es qué. Nos perdemos en la confusión, nos gusta pensar que somos anónimos.

Y respiramos un poco pues se siente bien no estar tan consciente de todo lo que has pospuesto, tanto que has mudado al ático de ese universo infame para no pensar. No darle oportunidad de patalear y recordarte lo mucho que debes.

Me acuerdo cuando todo era así de importante. Ahora, la "verdad" se está quedando sin tinta. Se le escurren los colores y la página (si queremos) se imprime en ceros.

Y luego te acuerdas de todas esas personas que quisiste olvidar en algún momento y te topaste en un sueño, en el pasado, en este etílico pasaje de ridícula melancolía y piensas en cómo se te escaparon tantas personas. Y cómo, tal vez, podrías ser mucho más honesto y valioso si tan sólo estuvieran todos ellos aquí -de alguna manera- para sacar lo mejor de ti.

He aquí las balas pero ya no hay nadie a quién dispararle.


miércoles, 20 de diciembre de 2017

Crimetown Blues

Hey, hot mama.
She called him Moose.
He was 26 and had slim hips
that swayed and swiveled as he walked.
Struggling with the weight of his chest.
Muscled and popping,
the buttons on his light blue shirt.
He called her gorgeous,
baby doll,
hot stuff.

In August 1980.
19 and ripe.
And she is 19 and ripe
with baby blues that thought they had seen it all.
And today she’s wore snug purple corduroy pants,
cupping curves and slimming thighs.
Her pink cashmere sweater,
one size too small.
Has short sleeves and was dyed touch me pink.
She smelled like youth and apricots.
And he said sweetness he saw her, stamped his feet.
I grabbed her out of there.
And how gorgeous baby doll, hot stuff.
After work, they grabbed pizza and beer.
She wondered what the food would do to her figure.
He wondered what he could do to her figure.
It wasn’t long until they figured it out.

-Nicole Sousa