lunes, 23 de marzo de 2009

Como peces contracorriente


No olvides nunca que en algún lugar del mundo, en algún punto de la atmósfera, algún rincón del océano habita una luz que jamás se apaga.

Recuerda también que existe algo envuelto entre las cosas y las personas, escondida dentro de los detalles y los segundos, invisible a los ojos que se llama escencia. Confío en que algún día llegues a comprender que esa pequeña particula sigue viva en todos nosotros, nadando entre nostalgias, saltando en las memorias y que sólo así es como realmente podemos vivir para siempre.

Sigue mi ruta y juntos nadaremos a través del tiempo y de los recuerdos, como peces contracorriente a través del más puro y brillante de los mares. Ése océano tan tuyo y tan mío el cual, con el tiempo, volveremos a llenar de lágrimas mientras seguimos buscando ese resplandor interminable.

[Dedicado a la memoria de Isidro Chapa padre.]

lunes, 23 de febrero de 2009

Hermosos desastres

Obscuridad y Confusión juegan maliciosamente en el jardín del Edén. Y del caos y la devastación brotan las semillas de los verdaderos colores:
El arte, y nace Ian Curtis con un Rembrandt en manos.
Se descubre el café y a lo lejos proyectan "Trainspotting" una tarde lluviosa de algun Febrero y la vemos diez veces refugiados bajo una sombrilla púrpura.
Jugamos ajedrez. Y leemos Rayuela pero no entendemos.
Y nos gana la melancolía, y extrañamos.
Y lloramos. Y discutimos (vive la difference) hasta no poder más pero nos matamos mutuamente. Y nos destruimos. Si, nos destruimos.
Y de esas dulces catástofes sólo nace más belleza. Abrimos los ojos a un mundo de contrastes y nos damos cuenta que podemos ser testigos de tanto dolor y de tanto esplendor. Tú eliges.
El sol sale otra vez.
Y es tan hermoso, y tan desastroso.

domingo, 15 de febrero de 2009

Diarios de Noviembre


Y así, como página arrancada, con tal furia me arrancaste sin pensar en consecuencias. No te molestaste siquiera en leer lo que decía, fuiste brutal abriéndome con tanto parecido a un libro y con tu lápiz, suavemente fuiste escribiendo en mí tu vida. Tus triunfos y fracasos, cada sonrisa y cada lágrima. Y me mostraste tus cicatrices y me contaste tus historias. Y escribiste y escribiste, cada día un poco más. Y escribiste una página y proseguiste con otra. Te rogé "detente" pero no hiciste caso, y trazaste una vez más el mapa que llevo en la piel, aquél que tiene como destino la punta de tus labios, la punta de tu corazón.

Y yo siendo quien soy, un iluso y tonto enamorado, lo seguí. Y empecé yo a escribir un poco en tus páginas. Primero una palabra, después una frase. Un párrafo, un capítulo. Y terminé por escribir en tí mucho más de lo que esperaba. Vacié cada gramo, cada centímetro de mí. Y me hice tan tuyo, y me volví tan ajeno a mis adentros. Y tracé en tus ojos la ruta de regreso pero sólo conseguí darle vuelta al sendero que lleva nuevamente a tus castaños cabellos, a la punta de tus dedos con la que me escribes cada noche y me alimentas de tu fuego. Y tus palabras son novelas, son tinta fresca y yo soy un papel en blanco que busca tu puño y letra desesperadamente, y que se muere porque escribas en él un poco más, tan sólo un poco más.

lunes, 19 de enero de 2009

Por un momento, me perdí

Cuando regresé a mí, me di cuenta que no era yo quien habitaba ése cuerpo. Había algo diferente: La armadura era la misma pero había ocurrido un cambio. Interno y sutilmente drástico, y podía sentirlo pese a la abrumadora sensación de descontrol e impotencia.
Algo o alguien se había apoderado de mis ideas, pensamientos, de mis acciones. Y desde aquella tarde no fui el mismo.
A partir del momento en que la ví, supe que toda mi existencia había pasado a su completa y total posesión. Creo que los antiguos le llamaban "amor."
Lo conocían como el fantasma del deseo, que posee los corazones y mentes de quien se atreva a cruzar su camino, viajando a través del tiempo y del espacio.
Aún en la actualidad su cura permanece un misterio..
Y yo, no podría estar más enfermo.

sábado, 3 de enero de 2009

La hora de las brujas


Son las 3:15 am, la hora de las brujas. Talvez tome ésta noche una escoba voladora y viaje de regreso a tí, a través de un mar durmiente de zafiros parpadeantes y nubes traslúcidas que rodean a una luna que no conoce el sueño, y que brilla cada segundo más intenso que el pasado.
Entraré suavemente por la ventana de tu cuarto y me acercaré a tí. Lento, muy lento mientras duermes profundamente, pero descuida, mis intenciones no son malvadas, ya que llevo anhelando éste momento tanto tiempo. Tanto tiempo queriendo ser el viento que respiras, queriendo ser tu sombra vagabunda, tu estrella observada, tu guardián entre el centeno. Tanto tiempo queriendo ser tu viaje sin fin.
Tomaré tu mano. Te besaré lentamente y te abrazaré. Y mientras te beso la frente, me introduciré delicadamente en tu subconciente. Nadaré por tus pensamientos y ahí, justo en tus sueños, me alojaré. Seré tu memoria indeleble y cada noche haré de tu dormir un recuerdo mío. Y cuando despiertes sabrás que alguien estuvo esa noche ahí contigo. Fue un bandido nocturno, disfrazado del viento que pasó de visita solo para susurrarte al oído aquellas palabras que con su eco conjuran a las brujas y a los invasores de sueños día tras día, noche tras noche.