miércoles, 15 de octubre de 2008

I Believe

Alguna vez llegué a preguntarme si algo de lo que creíamos, casi inconcientemente, realmente existía. Es decir, si en verdad tenía lugar en éste loco mundo en el que coexistimos todos. Casi por obligación, desde que nacemos estamos inculcados a tener ciertas creencias, ciertos aspectos de la sociedad que en su momento están fuera de nuestro criterio y que, por tanto, nos son transmitidas para nuestra memorización hasta que lleguemos un determinado punto de maduréz en donde finalmente podemos decidir en qué y en qué no creer.
Creo firmemente que he llegado a éste punto.

Algunas personas no creen en Dios. Otras no creen en el Estado, o en las personas, en el matrimonio, no creen en el amor. Algunas personas no creen en la Iglesia, ni en la sociedad. No creen en el karma, ni en la felicidad. Algunas personas no creen en la amistad, o en la sinceridad.
Algunas personas deciden creer que no es necesario creer.
Yo he elegido creer y no creer en algunas de éstas cosas.

No creo en Dios, ni en la Iglesia, y tengo fuertes razones para no hacerlo. Me considero una persona realista, trato de ver siempre la objetividad de las cosas y creo que si algo puede explicar el mundo es la ciencia, no un concepto abstracto, una verdadera necesidad del hombre como lo es la religión.

No creo en el estado, pero creo en la sociedad. No creo en el karma, pero creo en las personas y que todavía existe, aunque sea en pequeñas y muy rebuscadas cantidades, la sinceridad de las mismas. No creo en el tiempo, cosa bastante rara. El tiempo lo considero algo demasiado subjetivo como para ser plasmado en dias, horas, minutos o segundos. No hay reloj que pueda hacer tan complicada tarea: La medianoche de hoy no será nunca la medianoche de ayer, ni la de mañana. Cada lapso de existencia tiene su propio trasfondo. Único e irrepetible.
Creo firmemente en la amistad, y creo más que nada en el mundo, en el amor.

Creo finalmente, que todos necesitamos algo en qué creer y en qué no creer. Nos hace darnos cuenta de quienes somos y que posturas decidimos tomar. Nos hace diferentes a algunos pero nos une a otros, aquellos que compartan nuestro punto de vista.

Y más fuerte que nunca, y con una certeza abrumadora puedo decir sin dudas, abiertamente y a los cuatro vientos:
"Creo en mí mismo."

jueves, 25 de septiembre de 2008

Alguien una vez dijo:

"Lo único peor que dar explicaciones, es darlas antes de tener que dar explicaciones"

martes, 16 de septiembre de 2008

El viaje sin fin

Acompáñame en un viaje como ningún otro.
Una aventura por lo incierto
Solos tú y yo
Y nuestros sueños y secretos

Abriremos un capítulo nuevo
Y escribiremos nuestras historias
Aprenderemos y con ellas creceremos
Seguiremos nuestras sombras

No necesitamos ninguna razón.
No necesitamos explicaciones.
Lo único que necesitamos es creer.
Las estrellas serán las direcciones.

Y cuando caiga la noche
Nos refugiaremos en mis brazos
Los fragmentos de mi amor por ti
Los marcaremos todos con trazos

Y acostados, miraremos el cielo
Mientras vuelan los recuerdos
Pensando en el viaje sin fin
De amantes eternos, de locos y cuerdos

Y cantaremos junto al fuego
En el viento, un hermoso sonido
No sabemos a donde vamos, pero no te preocupes
Lo descubriremos a medio camino...

Para ti.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Retrospectividad

Un, dos, tres, cuatro. Marcan los segundos el reloj. El tiempo egoísta transcurre lentamente, siguiendo su propio compáz. Tic-toc, Tic-toc.
Los calendarios marcan el día. Alguien había inventado que existía tal cosa como el tiempo: los segundos y los minutos, las horas y los dias y yo, injustamente, tenía que creerlo.
¿Pero que tal si decidiera no creer eso? ¿Que tal si yo, a diferencia del reloj, marcara mi propio ritmo?¿Y si basara cada una de mis acciones en mi propia interpretación y no en la de las manecillas y los engranes de un frío mecanismo artificial?
Si ése fuese el caso, talvez no estaríamos aqui. Talvéz todo sería muy diferente.
Pero no lo es. Y me entristece aceptarlo. Me destruye no comprender el porqué, no poder dar una explicación.

Quisiera, pero no puedo. Soy parte de una sociedad, y por tanto, estoy obligado a seguir sus conceptos y sus reglas. Todo aquello que ellos consideren "normal".
¿Pero quién es quién para decir qué es o no es "normal"? ¿Para decir qué está bien o qué está mal? Hasta donde yo sé, no existen tales definiciones. Nunca lo han habido y nunca lo habrán.
Es tonto querer controlar las cosas. Algunas cosas están destinadas a no tener control.

Leer entre lineas.
Me costó trabajo aprender a leer entre lineas. Hay cosas que son mejor expresadas por el silencio. El confiable viento, que siempre encuentra la sutil forma de hacer llegar lo que nunca fue dicho, pero sin embargo fue pensado. En este mundo no hay lugar para lo inefable, para lo impronunciable. Pero si para las miradas ciegas... y para las palabras mudas.

Y hoy. Sí, hoy, me pongo a pensar.
Sin ti, las cosas serían infinítamente diferentes.
Sin ti, alguien más sería yo.
Sin ti, únicamente mis sueños tendrían sentido.
Sin ti, los recuerdos serían mi mas profundo tesoro.
"Sin ti, las emociones de hoy no serían mas que la piel muerta de las emociones de ayer."

Luis Rdz.

martes, 26 de agosto de 2008

Círculos



El humo del tabaco aromaba aquel lejano día, hace ya mucho tiempo. Era Diciembre y llovía. Lo recuerdo bien. Ella estaba sentada frente a mí, su mirada clavada en la mía, cigarro en mano, buscando las palabras apropiadas para un momento inapropiado. Tal vez ella tenía razón. Tal vez era muy pronto.

De repente, el sonido de su voz irrumpió el ensordecedor silencio al que ya nos habíamos acostumbrado. Con un sorbo de mi taza, el tibio café americano que tanto me gustaba entró a mi boca y lo digerí secamente. Estaba preparado para lo que viniera. ¿O lo estaba?

-Me traes tanta nostalgia...-

Y con esas palabras tan sencillas, trajo en mí una avalancha de recuerdos. La verdad no había pensado lo mucho que la extrañaba. Simplemente había decidido aceptar lo que había pasado: Un día desapareció, y no supe más de ella. Mi vida y la suya siguieron adelante, pero por distintos rumbos. Hacía tanto que no sabía de ella.

-Si te dijera que tú también me traes nostalgia, me creerías?- Le respondí.
Era la verdad, por mas estúpido que sonara. No era una de esas cosas que dices por mera reciprocidad. Era en realidad lo que sentía, y no decir ese tipo de cosas era un error.

-No.- Contestó.
No puedo decir que no me lo esperaba. Di un sorbo más a la taza. El café se empezaba a enfriar. Entonces tomé un cigarro de la cajetilla y lo encendí. Sé que no debería fumar, pero sólo hoy haré una pequeña excepción. "Hoy es un buen día para las excepciones", pensé.

-Pues lo haces. Me recuerdas tanto a cómo era yo hace tiempo, a cómo eramos. Y a lo que sentía cuando estábamos juntos.-
Respondí. No importaba si me creía, tenía que saberlo. Con ella llegué a sentir algo con quien nunca antes había sentido: Afinidad. Tenía que saberlo.

-¿Qué sentías?- Preguntó.
Algo en sus palabras me hacía saber que ésta vez si me había creído. Ella sabía que era cierto lo que había oído. Sabía porque en el fondo sabía que ella sentía lo mismo, alguna vez lo sintió, muchos meses atrás. Pero necesitaba oírlo. Entonces, di una inhalada a mi cigarro y la miré fijamente.

-Sentía que contigo, no importaba de que habláramos siempre me entenderías. - Contesté.
Por un momento, el silencio se apoderó nuevamente del lugar. A veces el silencio dice más que las palabras. Entonces, ella dio una suave inhalada a su cigarro y nos miramos fijamente.

-¿No tienes la sensación que todo se repite?- Ella preguntó.
Sabía a que se refería. Sabía porque yo sentía exactamente lo que ella sentía en ese momento. Esa extraña sensación de volver a sentir todo otra vez y preguntarte porqué termino, sin saber dar una respuesta.

-Sí. Parece como si viviéramos todo de nuevo.- Ella asintió.
-Es bueno que la vida tenga sus círculos.- Le dije.
Es cierto. Todo lo que nace algún día tiene que morir. No existe tal cosa como la inmortalidad. Así como las etapas de la vida, cada una con su principio y su final. Cada inicio tiene un fin, y el final de algo puede bien ser el comienzo de otra cosa.

-Es cierto.- Concluyó.
Tomé una última vez mi taza. El café se había tornado frío. Bebí lo último que quedaba y dejé la taza en la mesa. Una suave brisa se coló por las ventanas del establecimiento. Su pelo se ondeó con gracia, y entonces pensé en todo lo que habíamos pasado hasta éste punto. Un largo camino y sin embargo, ahí estábamos.

-Tal vez, en alguno de esos círculos, tú y yo volvamos a encontrarnos...- Le dije.
-Tal vez.- Respondió. Su mirada penetrante, indescifrable.

Y de repente sonrió. Hacía tanto que no la veía sonreír. Y en ese momento, sentí algo que me hizo temblar. Me sentí feliz, triste, con miedo, con esperanzas, incierto, pero más seguro de lo que alguna vez he estado, todo a la vez. Dí una última inhalada a mi cigarro. El humo del cigarro flotó delicadamente sobre el aire.
El aroma del tabaco, lo recuerdo bien.